La Coctelera

Últimamente se debate en distintos foros si la profesión de arquitecto ha muerto también en España. Me gustaría aportar mi granito de arena como joven arquitecto en el comentario a este artículo:

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/arquitecto-muerto-1283390#comentarios

Cuando salí, por fin, del infierno de la Escuela de Arquitectura; la profesión de arquitecto ya tenía cáncer en avanzada fase terminal. Junto con algunos compañeros, descubrimos que aprender la manera de ejercer la profesión no era suficiente para poder subsistir en nuestro país. Entonces comprendimos que si queríamos vivir como arquitectos teníamos que agruparnos y reinventarnos la profesión desde nuestra ingenuidad e inexperiencia. También descubrimos que en la arquitectura hay muchos más y muy distantes niveles de categoría profesional de lo que pensábamos. Al mismo tiempo, definimos la ya existente y variopinta "Tipología del arquitecto"; distintos tipos de arquitectos en función de las distintas maneras de afrontar el ejercicio de la profesión, y que en el extranjero es trascendental. Por otro lado, y debido a las demandas de nuestra sociedad determinada por los imperativos del mercado, como se explica en el artículo, hace mucho tiempo que el arquitecto ha dejado de ser el "director de orquesta" en el proceso de la edificación y su trabajo creativo está aparentemente amenazado.

En mi caso; ejerzo desde hace unos siete años en Grecia. Aquí la profesión de arquitecto murió hace muchos años para menores de 40 años, y desde el punto de vista económico y social para el resto. Por ejemplo; en este país existe la errónea creencia popular generalizada de que, aunque sea obligatorio por ley la existencia de un proyecto arquitectónico, no es necesario contratar a un arquitecto para construir una casa. ¿Podría ocurrir esto en España? En Grecia es comprensible porque la realidad cotidiana está totalmente separada de la compleja y volátil legalidad. Desde que estoy aquí me dedico básicamente a solucionar problemas arquitectónicos, sobretodo funcionales, de habitabilidad y de construcción, en edificios ya construidos por otros "profesionales" no arquitectos en su mayoría. Por eso, desde mi experiencia, y por otras muchas razones que sería muy largo de contar aquí, estoy convencido de que los arquitectos, aún hoy en día, somos una pieza necesaria e imprescindible en el engranaje de la máquina de la edificación. De nosotros mismos, de nuestra creatividad, y de nuestro trabajo depende que encontremos nuestro sitio y nuestra importancia en esta gran máquina, ahora oxidada por la crisis, de producir "objetos de mercado", como mínimo para que sean un poquito más sostenibles y humanos.

Por todo esto me encuentro en la posición de afirmar rotundamente que en la actualidad sólo los arquitectos más viejos, más ricos, y famosos se permiten el lujo de seguir ejerciendo la profesión de manera tradicional. Recordemos los niveles de categoría profesional. En España y desde hace más de diez años la profesión de arquitecto en general está muy poco reconocida económica y socialmente, como cualquier otra profesión humanista. Pero para la mayoría de arquitectos la profesión NO ha muerto. Además de los trabajos burocráticos al servicio del Estado, la creatividad del arquitecto sigue viva de una manera muy compleja, con más variantes, servicios, posibilidades y mediante agrupaciones multidisciplinares. Es decir, la profesión de arquitecto se ha transformado y estratificado muchísimo, por lo menos durante los últimos diez años. Y ahora hay que añadir que con la crisis, como cualquier otra profesión en general, está muy mal pagada y cada vez son menos los profesionales que se pueden permitir vivir solo de ella. Es decir; ahora también hay que trabajar para producir aún más y seguir buscando nuevas iniciativas y alternativas de trabajo, aunque solo sea por un plato de lentejas.

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